Trabajaban en distintos lugares. Pero por su profesión, se cruzaron en distintas dependencias. La mayoría de los policías imputados y los que investigaron el crimen del juez Agustín Aráoz tuvieron un pasado en común. Desde la Escuela de Policía se generó un vínculo que la fiscala Juana Prieto de Sólimo, indagó para buscar un posible entramado de encubridores.
Darío Pérez y Ema Gómez trabajaban en el instituto Roca. A su vez, el oficial Andrés Fabersani, que fue compañero de Pérez en la Escuela de Policía y en la Brigada de Investigaciones Norte, conoció a la ex agente cuando era novia de un compañero suyo. Rodolfo Domínguez también trabajó con Pérez en 1998. A las relaciones entre los imputados se sumaron Gustavo Beltrán, Juan Romano, Adrián Villagra, y otros policías. Todos negaron ser amigos, pero de alguna manera, el asesinato de Aráoz hizo que sus destinos volvieran a cruzarse.